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La tragedia del príncipe de Dinamarca se enmarca en una
época de agitada transformación, a caballo entre
la edad media y el renacimiento. No solo asistimos a un cambio
político y social de evidente profundidad, sino que la
raíz misma que constituye el pensamiento del medievo se
vera afectada sobremanera. Actualmente asistimos a un paradigma
similar. La tan citada crisis que desde las instituciones públicas
y mediáticas constituye el día a día de nuestra
cotidianidad. La crisis se produce por que lo viejo muere y lo
nuevo no acaba de nacer, esa situación de imposibilidad
de movimiento define el pulso vital del príncipe Hamlet.
No es posible vengar a un padre en base a unos valores en los
que no se cree. Si además ese padre es tan tirano y criminal
como su verdugo, la inacción es la única respuesta
posible. Hamlet asiste perplejo al derrumbe de una familia y de
una nación. En Hamlet subyace una especie de “juego
mundo”. El príncipe de Dinamarca se va construyendo
como personaje, en un proceso mimético en su condición
relacional con el mundo y los personajes de la tragedia. Su milagrosa
infinititud de interpretaciones le hace ser una obra en construcción
perpetua. Por ello, no es solo una obra clave, sino una obra en
clave.
A pesar de escribirse en el siglo XVI, Hamlet tiene absoluta
vigencia en nuestros días: la traición familiar,
la corrupción política, el abuso de poder o la opresión
son determinantes en la obra de Shakespeare y siguen siendo asuntos
de primer orden. La idea es hacer una revisión de la tragedia
desde los preceptos estéticos que rigen el trabajo de Ximo
Flores. Con la actuación en directo de Opus
Nigrum
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